
La paradoja de las oposiciones: del reconocimiento del mérito al olvido.
Mabel Palomo González, Área Administrativa, OSI Ezkerraldea Enkarterri Cruces: Superar una oposición debería ser motivo de satisfacción y orgullo; de tranquilidad y calma; de estabilidad y sosiego ; debería ser, en definitiva, un punto final, un hito que marca un antes y un después en un recorrido profesional que transcurre al son de la concatenación de contratos y la incertidumbre . Sin embargo, para muchos profesionales, también se convierte en el inicio de una paradoja dolorosa: tras años de dedicación en un Centro concreto, construyendo relaciones, generando equipos, ganándose la confianza de pacientes y acumulando una experiencia de gran valor, la "recompensa" de una plaza fija implica, en muchos casos, un cambio de ubicación, un cambio de Centro o de OSI y un traslado forzoso a un destino completamente diferente.
Teniendo en cuenta los puntos de experiencia necesarios (antigüedad) para conseguir la ansiada plaza, son los profesionales que suman más experiencia (décadas en un mismo Centro habitualmente) los que deben hacer las maletas y abandonar su lugar de trabajo, su equipo, y a los pacientes con los que han establecido relaciones de confianza. Todo ello por una lógica administrativa que prioriza una puntuación en la elección de destinos sobre la continuidad y el conocimiento adquirido en el terreno, ignorando el arraigo e invisibilizando el valor humano, profesional y clínico que se genera con el tiempo.Se habla constantemente de humanizar la sanidad, de aportar valor al paciente, de cuidar la experiencia de usuario, pero ¿cómo puede lograrse cuando se ignora por completo la experiencia del profesional? ¿Cómo se puede hablar de excelencia asistencial si se pierde talento por decisiones rígidas que no valoran el conocimiento ni el compromiso demostrado durante años?
La sensación es la de un ciclo que se cierra de forma abrupta, que no supone una mejora sino, el fin de una etapa construida con esfuerzo y vocación. Algo que conlleva perdida de continuidad asistencial, una reinversión en formación y capacitación con la que ya se contaba y una ruptura de vínculos que puede ser muy desmotivadora y que solo se supera con la implicación y empatía de los profesionales, transformándolo en un nuevo desafío y una nueva oportunidad de aprendizaje .
Los procesos selectivos (sus bases,baremaciones,adjudicaciones, pruebas) son sin duda uno de los grandes retos de la función pública. Un reto que clama a gritos una profunda reforma. Algo que no es fácil, pero que quiero creer que tampoco es imposible y que debería conseguir (en mi humilde opinión, claro está)que su objeto no sea solo garantizar plazas en propiedad, sino diseñar un modelo que también valore el capital humano que hace posible una sanidad pública de calidad. Porque sin profesionales motivados, escuchados y reconocidos, cualquier discurso sobre humanización queda vacío.