
La valenciana Noah Higón Bellver (Cheste, 4 de agosto de 1988) no ha empezado este 2026 como a ella le hubiera gustado. La noche de Reyes no fue un regalo y, como quien exige justicia divina, así se lo hizo ver a Melchor en un post, al que más que un milagro le pide una tregua, «de alivio y de vida», con el fin de que un día se cumpla y sea el primer paso para todo lo demás.
Desde entonces, la chica de las siete enfermedades raras, ahí sigue en los pasillos del hospital La Fe de Valencia. Entre atenciones sanitarias y arrumacos familiares. Acurrucada entre estas sábanas de hospital o mirando por la ventana los días de un nuevo año que ha llegado con el punto muerto puesto. Y Noah Higón escribe, hasta con la sopa de letras de trigo y caldo para, casi como en una vuelta a la infancia, poner su nombre en la tapadera de un cuenco de hospital.
Leer a Noah, en cada post, en cada párrafo es parar el tiempo, respirar, reflexionar y saber qué es lo importante. Hay tristeza y hay resiliencia. También hay ganas, justicia, lucha, llanto y sonrisa, «porque mi sonrisa ha aprendido a resistir».
Este lunes, en ese 'blue monday' que va por barrios, Noah se ha puesto reivindicativa y bajo el título «Estamos dejando morir la sanidad pública» ha removido conciencias para que nadie olvide que la inversión en salud es sinónimo de vida.
«La estamos dejando morir despaciosin ruido de sirenas,sin titulares que duelan lo suficiente.
La dejamos morir en listas de espera eternas,en consultas de cinco minutos,en profesionales exhaustos que ya no pueden más aunque quieran darlo todo«
Así empieza el post de Noah como un golpe directo a la conciencia y sigue como un alegato a esos profesionales con guardias de 24 horas, a aquellos que se saltan turnos para atender y sanar, personal que carga con más gente de la que puede, «gente competente, vocacional, humana... a la que el sistema está asfixiando».
Y la culpa, a ojos de Noah, está en un sistema que empuja a la privada, que asume el «colapso», que parchea en lugar de cuidar y que ahora mismo se sostiene para aguantar lo justo.
«Yo no hablo desde un despacho.Hablo desde un cuerpo enfermoque necesita una sanidad pública fuerte para viviry como yo, millones«
«No la dejemos morir.Porque cuando muera del todo,no podremos curarla herida social que se quedará«
Así termina Noah una entrada en su Instagram que hace tambalearse los cimientos de la gestión sanitaria, de una realidad que ella vive, siente y padece de la mano de las decenas de sanitarios, desde el celador al cirujano, que han abrigado el alma y el cuerpo de una paciente con una retahíla de enfermedades raras.
Y en ese post, el cariño de toda esa gente que entiende y comprende la preocupación de una joven que sabe que su vida está en manos de una sanidad pública que no puede bajar la guardia. Un post que recibe un «amén» del propio cantante Pablo Alborán -el malagueño vivió momentos muy duros en La Fe junto a un familiar- para corroborar la verdad y la realidad que hay en un poema que es un canto a la supervivencia de la mano de los miles de sanitarios que cada día se dejan la piel en los centros sanitarios de toda España.