
PÚBLICO: El hospital de Valdeorras, ubicado en la localidad de O Barco (Ourense), es un ejemplo del deterioro de la sanidad pública en Galicia. Inaugurado hace medio siglo para dar servicio a una comarca que entonces superaba los 35.000 habitantes y hoy ronda los 25.000, el centro contaba con todos los servicios, la mayoría de especialidades y una plantilla de unas 400 personas. Hoy, las asociaciones de defensa de la sanidad pública aseguran que está en una situación "desastrosa" tras años de progresivo desmantelamiento, que obliga a sus usuarios a esperar meses, incluso años, por prestaciones sanitarias básicas, o a desplazarse más de cien kilómetros por carreteras secundarias para recibir atención especializada en Ourense o en Vigo.
Antón García Gonçalves (director)y Agustín González Alonso (productor) son dos jóvenes cineastas de O Barco que acaban de estrenar Saúde –Salud, en gallego–, un documental en el que narran la historia del hospital de Valdeorras y del olvido al que ha sido sometido por la Xunta, como ejemplo del abandono de la sanidad pública en Galicia. Tienen 18 y 29 años, respectivamente, y su intención era contar también la lucha social por defender el centro, contextualizándola con la historia reciente de la comunidad y del resto del Estado. El día de la presentación del documental, el pasado 30 de diciembre, llenaron el Teatro Lauro Olmo del pueblo.
"Desde que éramos niños los dos recodamos las manifestaciones con cientos de personas de toda la comarca, para protestar por el cierre de un servicio, por la falta de médicos, de enfermeros, contra los recortes, por las listas de espera...", cuentan. Cuando empezaron a idear el documental, Antón tenía 16 años. Hoy cuenta 18 y estudia dirección cinematográfica en el Instituto del Cine de Madrid. Con 14 ya había empezado a rodar un primer cortometraje, en el que le ayudaba Agustín, Guti, hijo de uno de sus profesores y que estudiaba interpretación en Santiago.
Durante meses, Antón y Guti trataron de obtener la versión de las autoridades sanitarias y políticas de Galicia sobre las privatizaciones y sobre los recortes de presupuesto y de servicios del hospital de Valdeorras, pero tanto el director del hospital como los mandos del Servizo Galego de Saúde (Sergas) y de la Xunta les dieron largas y declinaron finalmente aparecer en la obra.
Durante meses, Antón y Guti trataron de obtener la versión de las autoridades sanitarias y políticas de Galicia sobre las privatizaciones y sobre los recortes de presupuesto y de servicios del hospital de Valdeorras, pero tanto el director del hospital como los mandos del Servizo Galego de Saúde (Sergas) y de la Xunta les dieron largas y declinaron finalmente aparecer en la obra.
Una de las personas que rechazó ser entrevistada fue Eloína Núñez Masid, prima del actual presidente del PP, a quien éste nombró gerente del área sanitaria de Ourense, de la que depende Valdeorras, en cuanto llegó a la presidencia de la Xunta en la primavera de 2009. Una de sus decisiones más polémicas fue crear una plaza de jefe de servicio para entregársela a su marido. Núñez Masid fue la mano ejecutora en Ourense de la estrategia de recortes y privatizaciones ordenada por Feijóo. Años después, su primo la ascendió a gerente del área sanitaria de Santiago.
Antón también viajó a Austin, en Texas (Estados Unidos), y allí entrevistó a varias víctimas del sistema sanitario estadounidense para constatar los efectos perversos de un modelo que priva a las personas con menos recursos de la atención médica más esencial, en una situación que empieza a asemejarse de manera alarmante a la que padecen también miles de personas en Valdeorras, como cuenta la parte final del documental. La comarca, líder en la producción mundial de pizarra, es una de las más afectadas por la silicosis, una enfermedad pulmonar crónica que afecta a alrededor de 1.500 personas en la comarca y que, según el Bloque Nacionalista Galego (BNG), causa la muerte de entre 15 y 20 personas al año. Una de las protestas más recurrentes sobre el hospital de O Barco se refiere, precisamente, a la necesidad de contar con un departamento de neumología suficientemente dotado para atender correctamente a esa epidemia.
Saúde no sólo narra las consecuencias negativas de la depauperación del sistema sanitario sobre una población rural. También cuenta cómo se degrada la vida de una comarca que en su día revivió gracias al hospital, atrayendo sanitarios de otras partes del Estado y del extranjero, apoyando las vocaciones y la formación de médicas y enfermeros locales y vertebrando, también, la identidad y el sentimiento de dignidad colectiva de todo el pueblo.
Cuando se les comenta a Antón y a Agustín que no es habitual que gente de su edad se comprometa de manera tan profesional y decidida con el activismo por la defensa de la sanidad pública, que suele relacionarse con la posición de generaciones muy anteriores a las suyas, ambos comparten la misma reflexión: "La sanidad es un bien social, nos beneficia a todos como colectivo, como sociedad, con independencia de la edad que tengamos. Por eso también nos corresponde a nosotros defenderla".