
20minutos: Con frecuencia tenemos la oportunidad los ciudadanos de observar en los medios de comunicación datos referentes a la situación de las listas de espera del conjunto del país. Si bien me centraré en estos momentos en la sanidad pública andaluza, donde asistimos con desesperanza a que lejos de disminuir las listas de espera siguen creciendo a pesar de destinar a lo largo de los años miles de millones de euros a conciertos con la sanidad privada, cerca de 3.000 millones de euros entre 2016 y 2024, al mismo tiempo que el número de pacientes derivados a la sanidad privada pasaba de 562.000 en 2017 a 905.000 en 2022, con una lista de espera quirúrgica pasando de 111.000 en 2021 a 217.000 en 2024 y sin que el rendimiento quirúrgico medio de solo el 65-70% haya mejorado en la sanidad pública.
Todo ello a pesar, según el informe anual del Sistema Nacional de Salud (SNS) de 2024, de un incremento del 57% de médicos y, paradójicamente, de un crecimiento del 61% de las listas de espera y del notable crecimiento presupuestario para la Sanidad Pública en Andalucía, pasando de 9.800 millones de euros en 2018 a 16.265 millones en 2026, lo cual ha provocado que el dinero destinado por habitante y año en dicho periodo haya pasado de 949 euros a 1.887.
Por lo tanto es evidente que resolver o paliar sustancialmente las listas de espera no es solo una cuestión de disponibilidad económica, sino que hay un profundo agujero negro en la eficiencia y gestión de los recursos disponibles. En ello es determinante sin duda el comportamiento de los directivos de los hospitales, ante cuya situación es necesario contar con la colaboración e implicación directa, leal y firme de los jefes de servicio médico, generándose una situación de complicidad positiva cuya evolución y resultados deberían, en mi opinión, ser tutelados y auditados periódicamente por los órganos encargados del diseño y gestión de la política sanitaria.
Sorprende que en lugar de optimizar y destinar recursos al normal funcionamiento de espacios asistenciales en el Servicio Andaluz de Salud (SAS), en jornadas de tardes de lunes a viernes (quirófano y consultas externas), se decida incrementar el dinero destinado a conciertos con la sanidad privada (los últimos datos conocidos, más de 500 millones de euros para los próximos años). Se nos olvida que la sanidad privada es bienvenida para colaborar con la sanidad pública, nunca para sustituirla.
Es necesario recordar los grandes titulares ofrecidos en los medios de comunicación donde el entonces Consejero de Salud en Andalucía Jesús Aguirre anunció con euforia en 2019 que todos los médicos del SAS serían incentivados económicamente con cerca de 900 euros al mes si trabajaban también en la privada, por supuesto reduciendo su tiempo de disponibilidad profesional en la sanidad pública para destinarlo a la sanidad privada, lo cual ha estimulado y provocado un autentico éxodo de profesionales de la sanidad pública que, de manera total o parcial, han pasado a la sanidad privada, en la actualidad en torno al 50%.
Esta gravísima y perversa decisión de dicho consejero de Salud lastrará indefinidamente la gestión de las listas de espera en la sanidad pública, y contribuirá decididamente al mantenimiento de las inaceptables cifras de personas esperando ser intervenidas quirúrgicamente o ser atendidas en las Consultas Externas de nuestros hospitales públicos.
Por lo tanto, ni incentivar económicamente con 900 euros al mes al personal médico para su compatibilidad profesional entre la sanidad pública y la privada ni destinar durante años cientos y miles de millones de euros a conciertos con la sanidad privada (en lugar de optimizar los quirófanos y consultas externas de los hospitales del SAS en horario normalizado de tarde de lunes a viernes) han resuelto, ni siquiera paliado, sustancialmente las listas de espera ni resolverán el drama de dicha situación.
Sorprende que en lugar de optimizar y destinar recursos al normal funcionamiento de espacios asistenciales en el SAS, se decida incrementar el dinero destinado a conciertos con la sanidad privada.
Quizás si los recursos económicos se destinasen a mejorar sustancialmente el reconocimiento profesional a través de mejorar las condiciones laborales y las retribuciones de los profesionales sanitarios, evitaríamos la fuga de personal sanitario de la sanidad pública a la privada, con una clara contraprestación por parte de los profesionales de un compromiso real, leal y efectivo con el sistema público, incluidas medidas de gestión como la necesidad de auditar periódicamente los tiempos de rendimiento asistencial, tanto en las áreas quirúrgicas como en consultas externas.
Por todo ello, esperemos que el compromiso público del presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, acerca de su clara y firme decisión de reformar en profundidad el Servicio Andaluz de Salud no sea un mero recurso retórico. Pues si de verdad está decidido a ello, va a necesitar no solo los recursos necesarios, sino también luces largas para vehiculizar un proyecto sanitario que ilusione a profesionales y ciudadanos y que cuente con portadores del conocimiento no solo procedentes de organismos e instituciones regladas y configuradas estructuralmente, cada una de ellas con sus sesgos naturales, sino que debería, por un lado, escuchar menos a quienes han evidenciado su incapacidad, y por otro, dar espacio a la aportación de propuestas basadas y emanadas del conocimiento del sistema sanitario libres de cortapisas y sesgos, en la búsqueda de la excelencia para consolidar un sistema sanitario público ágil y eficiente que proteja a ciudadanos y profesionales.