
La Voz de Galicia: María Cuevas Álvarez perdió a su hermano Manuel el pasado 20 de agosto. Unos días después ella misma acudió al hospital de día de oncología del Provincial, en Pontevedra, para entregar al personal un sobre. En su interior había una carta de agradecimiento. Una misiva titulada Gracias por acompañar a Manuel, que ella escribió, de acuerdo con su familia, para dejar constancia de su voluntad. Él quería agradecer el trato y los cuidados que recibió de los trabajadores de esa unidad. María, a quien le gusta escribir, fue la encargada de plasmarlo en palabras por Manuel. Destacando el «valor incalculable» que tiene todo lo que acompaña la administración un tratamiento de quimioterapia. Eso que «también consiste en quitar miedos, transmitir confianza, escuchar, comprender y estar».
María no es ajena a la repercusión que tuvo esa carta, que con su permiso difundió la dirección del Complexo Hospitalario Universitario de Pontevedra (CHOP). La podía haber mandado por correo electrónico, pero prefirió entregarla en persona para asegurarse de que llegaba a sus destinatarios. Compartiendo un café a primera hora de este lunes, cuenta que su hermano es, era, maquetista naval. Cuesta hablar en pasado. «Se fue a los 68 años después de batallar mucho. De adolescente tuvo cáncer de huesos, después de próstata y de garganta. Y esta última etapa tenía problemas de fiel y recibía fototerapia», recuerda.
María hablaba con Manuel todos los días, estaba al tanto de sus dolores y compartió con él muchas conversaciones. Y de ahí precisamente surgió la carta. Además de cumplir su voluntad, María, que también es paciente de la sanidad pública, quiere lanzar un mensaje. Ella es de hablar claro, sin medias tintas. «Lo hago también para que la gente sepa lo que tenemos y lo cuidemos entre todos. No vayamos con el piloto automático puesto. Es cierto que la sanidad pública funciona por el personal y que hay servicios que tienen que mejorar mucho, pero también hay otros que son un ejemplo». El hospital de día de oncología es uno de ellos. No duda.
Pero María, que desde el 2025 es una paciente ostomizada que vive con una bolsa, también pide más recursos para la atención primaria. Para que el personal de los centros de salud también pueda cuidar. «Mi médica está en el Virxe Peregrina y no tengo queja. Ella se para, pero tiene que hacer prolongaciones de jornada para atender a pacientes de otro cupo porque se han jubilado compañeros y falta personal. Por eso la primaria es un desastre y hasta que llegas al especialista pueden pasar muchos meses, salvo que sea una cosa grave o una urgencia vital», subraya.
Ella lo sabe bien porque, sin síntomas, en un cribado de colon le descubrieron una enfermedad que derivó en la ostomía. «En veinte días estaba operada, fue todo rapidísimo», recalca. Para ella adaptarse a vivir con una bolsa pegada a su abdomen fue poder seguir viviendo como lo hacía antes. Esta mujer, que fue monitora de natación y hoy trabaja para una empresa de personas con discapacidad vinculada a la ONCE, solo tiene buenas palabras para el servicio de digestivo. Mientras cuida a su madre de 94 años y espera por la solicitud de dependencia, María aguarda por una consulta en traumatología para su maltrecha rodilla.